sábado 16 de enero de 2010

RADIO: las que esperamos ver en el 2010



Directo desde San Antonio, Texas. Con un frío del caraaaaaaaaajo! (1/01/10)

RADIO: recomendaciones DVD navideñas



Películas en DVD!


Los paquetes de DVD de colecciones!

AUDIO un tanto atrasado de subir a cinecronicas.blogspot.com el 23 y 25 de diciembre.

RADIO: Hablamos de 'New York I Love You'




Audio emitido en diciembre 16 del 2009 en W RADIO

RADIO: Hablamos de 'Avatar' (2009)



Con Carlos Puig en W RADIO (Primera Emisión)


Con León Krauze en W RADIO (segunda Emisión)

Audio emitido el 16 de diciembre del 2009 en W RADIO.

sábado 12 de diciembre de 2009

VIDEO: Especial de 'La Princesa y el Sapo' (entrevistas)


Saludos! Entren a ver el especial de 'La Princesa y el Sapo' con mis entrevistas a John Lasseter (productor), Randy Newman (compositor ganador de Oscar), Ron Clements y John Musker (directores 'La Sirenita'). No olviden darme su opinión! ABRAZO!!!

Presiona AQUI!!!! para ir al especial que produjimos en Los 40 Principales.

martes 8 de diciembre de 2009

AMANTES (Crítica a cuatro manos)

Continuamos con el experimento de A CUATRO MANOS. Marianna y yo escribimos cada quien nuestra reseña, ahora de AMANTES del gran James Gray. Igualmente los invitamos a darnos su opinión!

MARIANNA

En algún momento, no recuerdo cuando, la distancia entre Two lovers (Amantes) y Yo, se mermó de tal forma, que la placentera e igualmente incómoda sensación de atestiguar lo no debido se instaló en mi butaca durante casi dos horas.

El comienzo de la cinta, a pesar de que afina el primer bemol de la historia, afortunadamente no es el cordón umbilical de una tragedia sin fin. Leonard Kraditor (Joaquin Phoenix) en su apresurado intento suicida pronto se arrepiente y brota del agua empapado de frío y desconsuelo para retornar vivo e infeliz al departamento de sus padres en Brooklyn. Es evidente que la separación con su prometida (a quien solo llegamos a ver en una foto y la razón por la cual retornó a su cuarto de infancia) marca el límite entre la vida y la muerte de Leonard.

Es indudable que el amor es su mayor apuesta y es por eso que pronto sentimos la tierra estremecerse cuando sus ojos descubren a Michelle (Gwyneth Paltrow) en el amarillento pasillo del edificio que sin antes saberlo, ambos comparten. Poco antes de este encuentro, Leonard conoce a Sandra; hija de un pudiente socio de su padre, judía, hermosa, y dispuesta a regalarle sus horas sin ver el reloj. De la soledad amorosa, Leonard repentinamente entra a ser parte de un trío inaudito, constituido por Sandra (personaje interpretado por Vinessa Shaw) y Michelle (Paltrow) una rubia volátil, centelleante tanto en semblante como en espíritu, y la amante de un poderoso abogado casado.

Para Leonard el personaje interpretado por Shaw representa un viaje seguro, con todos los hoteles reservados y pasajes de regreso comprados; por otra parte el personaje a quien Paltrow da vida le ofrece solo la incertidumbre y la diversión. Sandra es el presente y el futuro maduros, agarrados de la mano, mientras que Michelle es únicamente un presente inmediato crudo y electrizante.

El personaje de Joaquin Phoenix oscila en la tan delgada línea entre la locura y la amargura, sus ojos y todo el lenguaje físico revelan una cadencia interior inconciliable y perpetua, que se mece entre los nervios y la inercia, la soltura incontrolada y la rigidez. Esta amplia gama de condiciones mental/físicas, el discurso de la camera en mano y su proximidad con la historia, el sencillo desfile cromático elegido por el director (James Gray), la generosa banda sonora que pasaba por una selección de óperas, “Una Furtiva Lagrima” hasta el ritmo nocturno de Moby, y la desnudez psicológica de los personajes carga la historia de un ahogo exquisito.

Amantes subraya la complejidad del amor en sus distintas estaciones. Los bemoles y los sostenidos de preferir amar locamente a ser locamente amados…esa necesidad congénita que tenemos de sentir!

Cómo cada persona, con sus ingredientes personales al juntarse con otra, dan vida a una receta única de sabores encontrados. El resultado de los encuentros Leonard-Michelle crean una mezcla de sabores muy distintos a la mezcla procedente de Leonard-Sandra. Lo admirable de esta historia es que nos aclara que el único y verdadero juez de la superioridad de cada bocado es y sólo podrá ser quien prueba ambas mezclas.


MARIO

Un hombre cree que su vida debe terminar, cuando transitando por un muelle su caminar lo lleva a la orilla... y ¿por qué no?... a dar un paso más al fondo. Ahí, sumergido, su instinto, su peso, sus residuos de oxígeno, más una mano de un desconocido que se apiada de él, se suman para sacarlo a flote. El intento de suicidio fracasa para Leonard (Joaquin Phoenix) y con ello, sin querer, debe decidir por qué debe seguir respirando.

En Amantes del director neoyorquino James Gray (Pequeña Oddesa, 1994), estrenada en Cannes, una historia simple se cuenta ante nosotros, donde los silencios, las pausas y el saber observar cada encuadre, nos comunican el mundo de Leonard: despojado de su sueño de casarse, para tener que regresar al cuarto de adolescente de sus padres.

Esta cinta no podría existir sin el trabajo de Phoenix, quien le queda el personaje de Leonard como un guante, existiendo como un ser desorientado, sin rumbo; pero que se deja llevar por las tareas cotidianas del trabajo (ayudando a su padre en la tintorería), como lancha salvavidas que lo conduce en un caudal seguro y que lo aleja de los pensamientos de autodestrucción.

Gray por algo reclutó a Phoenix (en la que podría ser su última película), quien se estaba volviendo su actor fetiche después de haber hecho juntos The Yards (2000) y We own the Night (2007), quien nos regala siempre los gestos del hombre que lo mismo está en un viaje introspectivo, que está reaccionando por puro instinto de conservación, que puede apostarlo todo al final por lo que su corazón le arroja.

La búsqueda que al inicio sentimos de Leonard por el vacío, se transforma escena tras escena en buscarse un igual. Amantes se vuelve entonces en la búsqueda del verdadero yo, que dado la imposibilidad de asirlo se debe buscar afuera en un nuevo amor.

¿Pero cuál es el verdadero yo de Leonard?: ¿Una mujer que toca a su cuarto y le dice que lo quiere por haberlo visto unos instantes y que está lista para ser su pareja formal?, o ¿una rubia que también está extraviada por estar enamorada de un hombre casado que no da señales de compromiso?

Leonard encuentra eco en la primera mujer: Sandra (Vinessa Shaw), sabiendo que su futuro ahí es de un hombre responsable, amante de crear una familia y heredero del negocio del suegro. En cambio con la segunda, Michelle (Gwyneth Paltrow), los dados están cargados a que siempre exista la desazón de la personalidad volátil de la mujer, quien jura quererlo como amigo, pero que en hechos no puede dejar de desearlo al lado de ella.

Amantes es un filme donde el acto de autodescubrimiento se da sin pensarse, porque Leonard se sabe abandonado, pero a la vez encontrado. Su apuesta por el futuro son los dos 'Yo' que cada mujer representa y la incógnita que nos atrapas es averiguar si será un Leonard más instinto o más cerebral el que dicte sentencia.

Cuando Leonard da su respuesta en acción visual, las amarras del personaje de Phoenix han sido tiradas y lo único que queda, una vez más, es volver a ver el abismo del futuro, donde sólo existirá espacio para una sonrisa de complicidad.


jueves 19 de noviembre de 2009

(500) Días con Ella



* Marianna Burelli, actriz-escritora, es una nueva amiga. Juntos compartimos nuestra fascinación por 500 Días con Ella y decidimos poner en letras nuestro sentir de la película. A continuación nuestro recorrido breve por una cinta que creemos dice mucho de lo que las parejas de hoy en día enfrentan. Más aún, habla de dos personajes como Tom y Summer que nos atrapan por existir frescos, originales, apasionados, juguetones, misteriosos, maniacos y llenos de ilusiones por cumplir. Todo esto con un excelente soundtrack coleccionable.

MARIANNA

Aún y cuando durante los primeros dos minutos de la película los
guionistas nos advierten con desmedida frialdad que no veremos una
historia de amor, me temo que 500 días con ella es de hecho,
ineludiblemente y casi obligatoriamente una historia de amor.

Posiblemente para Tom Hansen, el duelo vivido esté sumamente lejano a ser una representación justa de lo que significa el amor como tal, sin embargo para todos los terceros (es decir, el resto del mundo a excepción de ellos dos) en efecto lo es.

El trabajo de Joseph Gordon-Levitt revela una sencillez ideal que permite que la conjetura entre el dolor, el amor y el placer que moran en Tom viva al margen del ya- mil-veces-visto hombre-víctima de este tipo de historias. A pesar de que los últimos 5 minutos de la película parecen pertenecer a otra producción, debo confesar que al terminarse, no hay lástimas dedicadas a su personaje, de hecho me atrevería a decir todo lo contrario.

Ella, Zooey Deschanel con una sequedad maravillosa, dibuja con admirable veracidad la personalidad de la joven Summer Finn. Las razones por las cuales Tom se enamora perdidamente de ella son axiomáticas e irremediablemente legítimas en el mundo del amor.

Es por eso que en este tipo de acercamientos-indie, el elenco es quien sin lugar a dudas forja laintensidad de la trama. Las temperaturas, cada grado encontrado por los actores junto con Webb determinan la lectura de estos dos seres.

Un narrador omnipresente y todo conocedor (de vez en cuando impertinente) nos cuenta la historia, juega con tiempos y nos muestra un mosaico de la relación Summer-Tom. Es palpable el control femenino durante todo el camino, que oscila desde la agonía de la soledad hasta la más alta de las cúspides de la felicidad. Zooey lo deja sutilmente muy claro: es su personaje quien determina el futuro inmediato y lejano de la relación. Él está sumido a las riendas del amor, que en realidad más tarde conocemos son las riendas de la duda si hay amor.

La historia exhibe bajo tonos azulados situaciones que todos en algún
momento hemos vivido. La duda y su majestuosa crueldad, la soledad, lo deslumbrador de los primeros meses, el encuentro de gustos y disgustos, todo bajo un íntimo intento de estilos encontrados, muy bien logrados por el director Marc Webb.
Por Marianna Burelli


MARIO

El amor es una apuesta. Curiosamente no sucede como muchos lo creen, en aquel momento donde abrimos el corazón a alguien y lo confesamos, sino detona en ese instante que pensamos que nos descubrimos en caída libre, indefensos, listos sólo para pedir que la persona amada esté ahí para recibirnos, porque de lo contrario...

.... la caída podría ser eterna. Tom Hansen (Joseph Gordon-Levitt) supo desde que vio de adolescente El Graduado (1967) que el amor estaba hecho para darle sentido a su vida. La llegada de "La Elegida" pondría su universo no solamente en orden, sino que le daría un sentido de trascendencia en sus acciones. Es tal vez por ello, que terminar trabajando en lo más lejano posible a su vocación (de arquitecto a copy de tarjetas de felicitación), no le causaba conflicto alguno, pues la realización tendría que venir de una linda princesa.

Desafortunadamente Tom, en su emoción puberta por entender al amor, no se dio cuenta que aquella escena final donde Katherine Ross y Dustin Hoffman suben al autobús, ella vestida de novia tras dejar a su novio en el altar, él como el ladrón de último segundo y ambos con el espíritu de darle la espalda al mundo de los adultos, no era más que el punto climático a un par de sonrisas que primero se congelará y luego se desplomará en la desilusión de saber que su felicidad no aguardaba al frente, como en los cuentos de hadas.

Es la ilusión, salpicada de ingenuidad, la que mueve el corazón de Tom, quien no duda en ponerse en guardia cuando la nueva asistente de su jefe, Summer Finn (Zooey Deschanel) lo mira con sus ojos azul cielo y de sus labios rosados surgen palabras que se interesan en quién es él.

(500) Días con ella es dirigida por Mark Webb y escrita por Scott Neustadter y Michael H. Weber. Los tres metieron mano en el argumento final y el trío se cercioró que sus experiencias con antiguos amores quedaran plasmados en pantalla. De hecho, la película empieza con una dedicatoria particular a una de ellas.

El guión dirigido por Webb vuelve a Tom y Summer el eje de una historia romántica que desde el inicio se nos anuncia por un narrador, no tendrá muchas posibilidades de terminar en final feliz; pero eso no importa aquí, nosotros queremos creer, como el joven protagonista, que todo saldrá bien.

Armada con canciones que describen prácticamente el estado de ánimo de Tom (temas que van desde los azotados The Smiths, los filósofos Simon & Garfunkel y los festivos Hall & Oates, sin olvidarnos de la nueva poeta de la desgracia Regina Spektor), 500 es una oda a los romances modernos, cuyos participantes extraen de la cotidianidad la oportunidad para revelar su ser y sin una agenda personal, buscan vivir el momento, hasta que...

... alguien pregunta ¿qué es lo que estamos haciendo juntos?. Tom es presa de la ansiedad de ese estatus indefinido. Incluso se le niega soñar con la palabra noviazgo, porque Summer anuncia desde el principio que "ella no le pertenece a nadie y tampoco quiere serlo".

Junto con Tom tendremos que sacudirnos el sueño del amor que Hollywood nos ha prometido más de una vez, para volver asomarnos a esa escena del camión de El Graduado, donde la música de guitarra está llena de la melancolía de algo que se tuvo y que no puede seguir, o que de seguirse jamás llenará las expectativas.

El amor está hecho para los cómplices. Tom tiene una lección que aprender. Su Summer no está echa para él, ni él para ella. El mundo gira para quienes se detienen a observarlo, aunque sea desde una banca del parque. Lugar para meditar las experiencias y pararse a soñar otra vez.

Porque 500 no es sobre los finales, sino sobre los nuevos comienzos. No es sobre ese beso que define todo, sino sobre lo que uno hace con esa experiencia, cuando la vida parece darte una bofetada y Simon & Garfunkel siguen ahí tocando su melodía: anunciando con certeza que la vida se forma de encuentros, libros que se abren y se cierran.
Por Mario P. Székely