
* Marianna Burelli, actriz-escritora, es una nueva amiga. Juntos compartimos nuestra fascinación por 500 Días con Ella y decidimos poner en letras nuestro sentir de la película. A continuación nuestro recorrido breve por una cinta que creemos dice mucho de lo que las parejas de hoy en día enfrentan. Más aún, habla de dos personajes como Tom y Summer que nos atrapan por existir frescos, originales, apasionados, juguetones, misteriosos, maniacos y llenos de ilusiones por cumplir. Todo esto con un excelente soundtrack coleccionable.
MARIANNA
Aún y cuando durante los primeros dos minutos de la película los
guionistas nos advierten con desmedida frialdad que no veremos una
historia de amor, me temo que 500 días con ella es de hecho,
ineludiblemente y casi obligatoriamente una historia de amor.
Posiblemente para Tom Hansen, el duelo vivido esté sumamente lejano a ser una representación justa de lo que significa el amor como tal, sin embargo para todos los terceros (es decir, el resto del mundo a excepción de ellos dos) en efecto lo es.
El trabajo de Joseph Gordon-Levitt revela una sencillez ideal que permite que la conjetura entre el dolor, el amor y el placer que moran en Tom viva al margen del ya- mil-veces-visto hombre-víctima de este tipo de historias. A pesar de que los últimos 5 minutos de la película parecen pertenecer a otra producción, debo confesar que al terminarse, no hay lástimas dedicadas a su personaje, de hecho me atrevería a decir todo lo contrario.
Ella, Zooey Deschanel con una sequedad maravillosa, dibuja con admirable veracidad la personalidad de la joven Summer Finn. Las razones por las cuales Tom se enamora perdidamente de ella son axiomáticas e irremediablemente legítimas en el mundo del amor.
Es por eso que en este tipo de acercamientos-indie, el elenco es quien sin lugar a dudas forja laintensidad de la trama. Las temperaturas, cada grado encontrado por los actores junto con Webb determinan la lectura de estos dos seres.
Un narrador omnipresente y todo conocedor (de vez en cuando impertinente) nos cuenta la historia, juega con tiempos y nos muestra un mosaico de la relación Summer-Tom. Es palpable el control femenino durante todo el camino, que oscila desde la agonía de la soledad hasta la más alta de las cúspides de la felicidad. Zooey lo deja sutilmente muy claro: es su personaje quien determina el futuro inmediato y lejano de la relación. Él está sumido a las riendas del amor, que en realidad más tarde conocemos son las riendas de la duda si hay amor.
La historia exhibe bajo tonos azulados situaciones que todos en algún
momento hemos vivido. La duda y su majestuosa crueldad, la soledad, lo deslumbrador de los primeros meses, el encuentro de gustos y disgustos, todo bajo un íntimo intento de estilos encontrados, muy bien logrados por el director Marc Webb.

MARIO
El amor es una apuesta. Curiosamente no sucede como muchos lo creen, en aquel momento donde abrimos el corazón a alguien y lo confesamos, sino detona en ese instante que pensamos que nos descubrimos en caída libre, indefensos, listos sólo para pedir que la persona amada esté ahí para recibirnos, porque de lo contrario...
.... la caída podría ser eterna. Tom Hansen (Joseph Gordon-Levitt) supo desde que vio de adolescente El Graduado (1967) que el amor estaba hecho para darle sentido a su vida. La llegada de "La Elegida" pondría su universo no solamente en orden, sino que le daría un sentido de trascendencia en sus acciones. Es tal vez por ello, que terminar trabajando en lo más lejano posible a su vocación (de arquitecto a copy de tarjetas de felicitación), no le causaba conflicto alguno, pues la realización tendría que venir de una linda princesa.
Desafortunadamente Tom, en su emoción puberta por entender al amor, no se dio cuenta que aquella escena final donde Katherine Ross y Dustin Hoffman suben al autobús, ella vestida de novia tras dejar a su novio en el altar, él como el ladrón de último segundo y ambos con el espíritu de darle la espalda al mundo de los adultos, no era más que el punto climático a un par de sonrisas que primero se congelan y luego se desploman en la desilusión de saber que su felicidad no aguardaba al frente como los cuentos de hadas.
Es la ilusión, salpicada de ingenuidad, la que mueve el corazón de Tom, quien no duda en ponerse en guardia cuando la nueva asistente de su jefe, Summer Finn (Zooey Deschanel) lo mira con sus ojos azul cielo y de sus labios rosados surgen palabras que se interesan en quién es él.
(500) Días con ella es dirigida por Mark Webb y escrita por Scott Neustadter y Michael H. Weber. Los tres metieron mano en el argumento final y el trío se cercioró que sus experiencias con antiguos amores quedaran plasmados en pantalla. De hecho, la película empieza con una dedicatoria particular a una de ellas.
El guión dirigido por Webb vuelve a Tom y Summer el eje de una historia romántica que desde el inicio se nos anuncia por un narrador no tiene muchas posibilidades de terminar en final feliz; pero eso no importa aquí, nosotros queremos creer, como el joven protagonista, que todo saldrá bien.
Armada con canciones que describen prácticamente el estado de ánimo de Tom (temas que van desde los azotados The Smiths, los filósofos Simon & Garfunkel y los festivos Hall & Oates, sin olvidarnos de la nueva poeta de la desgracia Regina Spektor), 500 es una oda a los romances modernos, cuyos participantes extraen de la cotidianidad la oportunidad para revelar su ser y sin una agenda personal, buscan vivir el momento, hasta que...
... alguien pregunta ¿qué es lo que estamos haciendo juntos?. Tom es presa de la ansiedad de ese estatus indefinido. Incluso se le niega soñar con la palabra novoazgo, porque Summer anuncia desde el principio que "ella no le pertenece a nadie y tampoco quiere serlo".
Junto con Tom tendremos que sacudirnos el sueño del amor que Hollywood nos ha prometido más de una vez, para volver asomarnos a esa escena del camión de El Graduado, donde la música de guitarra está llena de la melancolía de algo que se tuvo y que no puede seguir, o que de seguirse jamás llenará las expectativas.
El amor está hecho para los cómplices. Tom tiene una lección que aprender. Su Summer no está echa para él, ni él para ella. El mundo gira para quienes se detienen a observarlo, aunque sea desde una banca del parque. Lugar para meditar las experiencias y pararse a soñar otra vez.
Porque 500 no es sobre los finales, sino sobre los nuevos comienzos. No es sobre ese beso que define todo, sino sobre lo que uno hace con esa experiencia, cuando la vida parece darte una bofetada y Simon & Garfunkel siguen ahí tocando su melodía. Anunciando con certeza que la vida se forma de encuentros, libros que se abren y se cierran.












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